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Cobre

Cobre

Los Compuestos cúpricos se utilizan como fungicidas contra hongos endófitos en la agricultura desde finales del Siglo XIX. Con el tiempo, los expertos han descubierto su eficacia como bactericidas. Actualmente, tras la prohibición de otros antibióticos, son prácticamente los únicos productos autorizados en el mercado para el control de las bacterias fitopatógenas.

El sulfato de cobre posee, además, otras acciones biocidas. Como alguicida permite mantener la pureza del agua en espacios tales como campos de arroz, balsas y piscinas, evitando el desarrollo de plagas de algas azules y verdes. Como molusquicida, controla eficazmente la aparición de babosas y caracoles. Aplicaciones en otros sectores van desde la alimentación animal hasta numerosos usos industriales. Estos usos están reglamentados por normativas diferentes a las fitosanitarias, como la de biocidas, abonos o alimentación animal.

Acción

Al entrar en contacto con el agua, los fungicidas de cobre (II) liberan pequeñísimas cantidades de iones cúpricos y los hongos y bacterias los absorben progresivamente. Una vez en el interior de las células fúngicas sensibles, los iones cúpricos interfieren diversos procesos vitales para hongo y bacterias y, finalmente, provocan su muerte sin afectar a los tejidos vegetales. El hecho de interferir más de uno de los procesos vitales de los hongos hace del uso de los productos cúpricos uno de los métodos más fiables para el control de las enfermedades de los cultivos. Incluso tras más de un siglo de tratamientos con productos cúpricos, no se han descrito resistencias ni mermas en su eficacia.

Historia

Las propiedades del cobre como fungicida fueron descubiertas de forma accidental por el profesor Pierre Marie Alexis Millardet, del Departamento de botánica de la Facultad de Ciencias de Burdeos (Francia). En 1880, la enfermedad Mildiu de la vid, llegó a los viñedos europeos procedente de América. La infección tenía una gran virulencia y el azufre, único producto utilizado hasta entonces para el control de hongos, no la controlaba. En 1882, tras dos años de propagación en las vides de Francia, Millardet se dio cuenta de que, en una finca afectada, las filas situadas junto al camino estaban intactas. Éstas se habían tratado con una mezcla de cal apagada y sulfato de cobre, que les daba un tono azulado, con la intención de simular que estaban envenenadas y ahuyentar a posibles ladrones. A partir de esta combinación de cobre, Millardet desarrolló la fórmula del Caldo Bordelés, origen de la que se utiliza actualmente. Otros usos y compuestos desarrollados a lo largo de más de 125 años contribuyen a que los compuestos cúpricos, no sólo sigan vigentes en el S.XXI, sino que resulten imprescindibles para muchas aplicaciones.

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